Whoever loves, come near. I want to break Venus’s ribs and cripple the goddess’s hips with clubs. If she can break my heart so tender, why can’t I break her head and end her?
3 de septiembre de 2013
28 de agosto de 2013
16 de agosto de 2013
12 de agosto de 2013
1.60
Como cuando te empiezas a quitar la ropa con tanta naturalidad y me doy cuenta de que ya me estoy aprendiendo todas las líneas, puntos, círculos y demás sagrada geometría que te compone. Todos los filósofos siempre han tenido la razón, todos los físicos, astrónomos y arquitectos; es solo que la sección áurea nunca había tenido sentido, o igual me resultaba muy complicada, hasta el momento en que te quitas la ropa con esa confianza, y no me queda otra opción más que entender como si todo me lo explicaran con manzanas.
9 de agosto de 2013
8 de agosto de 2013
Eres nada más tuya.
Quiero un cigarro.
Quiero un cigarro y dejar de sentir que la cabeza me jala hacia el piso y que entre más duermo más me duele y entre menos duermo me duele aún más. Te juro que quiero escribir sobre todo, pero por alguna razón siempre me termino hablando de ti y de entre las cosas más alejadas e incoherentes junto pedazos en donde se reflejan de todas las maneras en que me siento cuando pasas por mi cabeza. No puedo evitar pensarte en fracciones, desde que entré en comunión conmigo misma sobre mis sentimientos, te he visto en partes que en un principio no podía dejar de arrancar y que hoy en día las he sentido más como un regalo, casi una cortesía, como un gracias por venir involuntario. Voy juntando pedazos tuyos; a veces parecen pedazos de carne masticada, como si los jalara con toda la ansia que reprimo para no romperte el cuello cada vez que te veo de tantas cosas que siento y que no sé cómo decir. Si lo pudieras ver entenderías que les hice una vitrina, está a lado de los libros que más quiero, y tengo de todo. Hay muchas cosas, que como te dije, te quité a la fuerza y puede que parezca una carnicería pero todo tiene una razón de ser y si me lo quedé fue por algo: tengo tu mano derecha y un pedacito de tu antebrazo izquierdo, tus costillas y sobretodo el tatuaje que las adorna, probablemente ese te lo quité a mordidas en el D.F, pero sé que la mano me la llevé un día que me fui de tu departamento. Los lunares y la piel de tu espalda, los diseccioné y debajo de toda la sangre considero que podrían ser una bonita portada de un libro, ya te haré saber lo que pienso hacer con ellos. Obviamente tengo varios mechones de tu cabello, con los que estoy segura me podría hacer un sweater. Toda la sección anatómica representa básicamente ese aspecto de mi relación contigo, mi fascinación visceral con cada gramo de carne, cada centímetro cúbico de líquido y distancia de tejido que te compone. Probablemente por eso te entierro las uñas cada vez que puedo, considero una aberración que tu piel delimite tan cortantemente esos espacios. No me mal entiendas, no es enteramente superficial; las sensaciones viscerales son tan profundas como la sangre y mucho más pesadas todavía.
Te prometo que le voy a dar el cuidado que merece a todo, y quiero que sepas que también hay un lugar especial para tus órganos sensoriales, para cuando los tenga, vaya; pero eso es algo que honestamente no creo que quieras saber todavía.
26 de julio de 2013
Sobre cafeína y otras drogas legales.
De entre las mil veinticinco cualidades que la naturaleza no me cedió creo que la que más me pesa es la falta de fuerza de voluntad. Uno pensará que es algo que la gente va forjando y que sólo se gana trabajando en ello y esas chingaderas optimistas que todos estamos acostumbrados a oír y decir. Pero, no cabrón, en realidad sí hay gente que tiene o un chingo de amor propio para hacer única y exclusivamente lo que es bueno para ellos y su crecimiento personal, o les vale madre todo y ese valemadrismo llega a pasar como una cualidad que hace que te desapegues de esas cosas que todos conocemos que nos hacen mal.
En mi caso ha sido una situación abismalmente distinta. Porque ni me quiero ni me vale madre; eso del instinto de conservación nulo viene como defecto de fábrica y he tenido que pelear conmigo, pues, toda mi vida, ¿no?. Es muy fácil vivir como víctima, y yo estaba en realidad bastante cómoda con esa situación hasta hace año y medio en que decidí hacer algo al respecto (y digo "hacer algo al respecto" porque cuenta ya me había dado hace muchos años; hacerte pendeja es una habilidad adquirida, eso sí.) y cual drogadicta en rehabilitación entre en un detox intensivo.
Las cosas han cambiado muchísimo desde entonces.
Hasta hoy.
Hoy tomé bastante, bastante café. Hoy recordé lo que se siente tener esos cambios bruscos de humor, de los ataques de ansiedad y la necesidad de cortarte un brazo a ver si así le bajas a tu pedo. Suena bien pendejo, lo sé, pero si ustedes jamás han sentido esas cositas a las que nadie les da importancia y que se llaman "ataques de pánico", chingos de felicidades porque no se lo deseo a nadie. En la vida diaria, la cafeína me hace una persona sumamente feliz. Pónganla directo en la vena, la amo. Pero en estos casos, potenció estados de humor oníricos de los cuales, obviamente, yo no estaba para nada consciente.
Diosito allá arriba en el cielo, Belcebú, Baphomet, Ganesha, y todos esos dudes saben lo que me ha costado tener (y tenerme) la paciencia del mundo. De ya no levantarme en la madrugada a quemar camas con gente dormida y tener la madurez para (prepárense para lo que sigue porque es el logro personal más grande que he tenido en mi vida) controlar mis emociones como una persona de mi edad. (Aplausos, por favor.)
Ahora al menos me puedo dar cuenta antes que pase alguna tragedia de que estoy patinando poquito.
Aún así hay ciertas situaciones en este momento que me hacen pensar que nada de lo que haga va a ser suficiente jamás, pero bueno, todos nos sentimos así la mayoría del tiempo. La maldición del perfeccionismo, gracias, mamá.
Necesito escribir estas cosas para releerlo en algunos meses y darme cuenta de que ya había previsto ciertos desenlaces que en verdad espero que no lleguen. Soy super humanista, nos tengo fé todavía.
, Diana Ivonne, paciencia.
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